Simone Weil, filósofa, activista política y mística francesa que formó parte de la Columna Durruti.


Simone Weil (París, 3 de febrero de 1909-Ashford, 24 de agosto de 1943) fue una filósofa, activista política y mística francesa. Formó parte de la Columna Durruti durante la Guerra Civil española y perteneció a la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Dejó abundantes escritos filosóficos, políticos y místicos, incentivados por su publicación tras su muerte en 1943 a causa de tuberculosis. Albert Camus la describió como «el único gran espíritu de nuestro tiempo».

Pacifista radical, luego sindicalista revolucionaria, finalmente llegó a pensar que solo era posible un reformismo revolucionario: los pobres estaban tan explotados que no tenían la fuerza de alzarse contra la opresión y, sin embargo, era absolutamente imprescindible que ellos mismos tomaran la responsabilidad de su revolución. Por eso era necesario crear condiciones menos opresivas mediante avances reformistas para facilitar una revolución responsable, menos precipitada y violenta.

En uno de sus escritos autobiográficos, Simone de Beauvoir comentó sobre Weil: «Una gran hambruna había sacudido China, y me dijeron que ella; (S. Weil) prorrumpió en sollozos cuando recibió aquella noticia; esas lágrimas me obligaron a respetaba aún más que sus dotes para la filosofía. La envidiaba porque tenía un corazón capaz de latir para todo el mundo. Un día pude conocerla. No sé cómo entablamos conversación; me explicó en un tono cortante que una sola cosa contaba hoy en toda la Tierra: una revolución que diera de comer a todo el mundo. De manera no menos perentoria le objeté que el problema no es hacer felices a las personas, sino encontrar un sentido a su existencia. Ella me miró fijamente. "Cómo se nota que usted nunca ha pasado hambre". Este fue el final de nuestras relaciones"».

Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia.
Desear la amistad es un gran error. La amistad debe ser un goce gratuito, como los que proporcionan el arte o la vida.
El tiempo nos conduce —siempre— adonde no queremos ir. Amemos el tiempo.
El amor no es consuelo. Es luz.

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