Elena Fortún, escritora española dedicada a la literatura infantil y juvenil.


María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo, conocida como Elena Fortún, (Madrid, 17 de noviembre de 1886-Madrid, 8 de mayo de 1952) fue una escritora española dedicada a la literatura infantil y juvenil.

Infancia y juventud

Era la hija única de Leocadio Aragoneses y Esteban, alabardero de la Guardia Real nacido en Abades, y de Manuela de Urquijo y Ribacova, de la nobleza vasca, nacida en Álava. Fue criada por un ama pues su madre no gozó de buena salud como le pasó a ella. Pasaba los veranos en la villa segoviana de Abades, en casa de su abuelo paterno, Isidro Aragoneses, fallecido en 1892. Para protegerla por su mala salud, su madre no le permitía jugar con otros niños. Eso hizo que formara una personalidad solitaria, soñadora e hipersensible. En 1904 falleció su padre y la economía familiar se resintió.

Matrimonio y maternidad

Se casó a los diecinueve años de edad, el 8 de mayo de 1906 en Madrid, con un primo segundo, Eusebio de Gorbea y Lemmi, militar y también escritor, con quien tuvo dos hijos; Luis (1908) y Manuel (1909). Su marido fue destinado con frecuencia fuera de Madrid, y ella no siempre le acompañó. En 1919 se instalaron en la calle Ponzano y como vecino tuvieron a Santiago Regidor, catedrático de dibujo y colaborador en Blanco y Negro. Gracias a las tertulias en su casa Fortún conoció a figuras relevantes de la intelectualidad de la época. Entre otras conoció a María Rodrigo, María Martos y María Lejárraga. En 1920, falleció prematuramente su hijo pequeño, apodado Bolín, que contaba con diez años. En 1922 su marido fue destinado a Tenerife y la familia le acompañó durante los dos años de estancia. Allí entabló una gran amistad que perduró hasta su muerte con Mercedes Hernández, esposa de Eduardo Díez del Corral, compañero de su marido. Esta familia inspiró a los personajes de Fortún. Allí publicó sus primeros artículos en el periódico La Prensa.

La escritora Elena Fortún

Volvió a Madrid en 1924. Fue nombrada secretaria de la asociación Mujeres Amigas de los Ciegos y estudió Braille para realizar mejor su trabajo. Entró a formar parte de la Sociedad Teosófica de Madrid.​ En la Residencia de Señoritas, dirigida por María de Maeztu, estudió Biblioteconomía en la biblioteca que ésta tenía por la fusión de su propia biblioteca con la del Instituto Internacional. La directora era Enriqueta Martín que organizó los estudios que después cursó Fortún. De estas clases surgió la Asociación Libros, que publicó una revista con el mismo nombre en la que colaboró Fortún junto a Carmen Conde, Ernestina de Champourcín y Enriqueta Martín entre otras. Las ilustraciones estaban a cargo de Viera Esparza. Se hizo socia del Lyceum Club Femenino, lugar de encuentro de las intelectuales en Madrid, donde fue a leer todas las tardes durante once años.​ En sus artículos publicados en La prensa, propuso temas en los que ahondaba en la nueva condición femenina, por ejemplo, defendió la ilegalización de la prostitución rebatiendo la idea de que era un mal necesario ya que solo beneficiaba a los hombres​.

Los primeros trabajos firmados por Elena Fortún aparecen como colaboraciones periodísticas en la revista La Moda Práctica.​ María Lejárraga le animó a publicar sus relatos en lugar de vender aspiradoras Electrolux ya que aspiraba a independizarse económicamente de su esposo.​ Así le presentó a Torcuato Luca de Tena, director de ABC, donde comenzó a publicar en Gente Menuda, suplemento infantil del dominical Blanco y Negro, junto a otros autores como Magda Donato y Salvador Bartolozzi.​ El pseudónimo de Elena Fortún lo sacó del título de la novela de su marido, Los mil años de Elena Fortún, publicada en 1922. La primera colaboración fue el 24 de junio de 1928, Celia lo que dice.

Celia ha cumplido siete años. La edad de la razón. Así lo dicen el Catecismo y las personas mayores. Celia es rubia; tiene el cabello de ese rubio tostado que, con los años, va obscureciéndose hasta parecer negro. Tiene los ojos claros y la boca grande. Es guapa. Mamá se lo ha dicho a papá en secreto, pero ella lo ha oído.

Cada domingo aparecían sus colaboraciones, además escribió cuentos y colaboró en Cosmópolis, Crónica, Estampa, Semana y otras revistas infantiles.​ En muy poco tiempo estos relatos le hicieron célebre, al tiempo que su marido quedaba en un segundo plano.

Entonces me empezó a odiar Eusebio, que siempre se había dado mucha importancia conmigo.

Se compraron una casa en Chamartín de la Rosa que es la que aparece en Celia en la revolución

La Editorial Aguilar adquirió los derechos de publicación y fue publicando los diferentes títulos bajo el nombre de Celia y su mundo. Para la feria del libro de 1935, entregó cuatro libros, Celia y sus amigos, con ilustraciones de Gory Muñoz; Cuchifritín, el hermano de Celia, el primero de Cuchifritín, que estaba dedicado a Félix, el niño que lo inspiró, hijo de su amiga Mercedes Hernández; El bazar de todas las cosas y uno de comedias infantiles, Teatro para niños. Siguió publicando sobre Cuchifritín y Matonkiki hasta 1936. En 1934 publicó también junto a María Rodrigo Canciones infantiles. Además dirigía un consultorio: La Quiromancia al alcance de todos, en Crónica en 1935.


Es en esta época cuando conoce a Matilde Ras, introductora de la grafología en España, con la que se carteará hasta su muerte. Ambas formaron parte de la primera generación de feministas españolas con conciencia de grupo y comprometidas con los derechos de las mujeres.​ Tuvieron una relación intensa que se ha calificado de lésbica ya que ambas pertenecieron al Círculo Sáfico de Madrid creado en esos años en dicha ciudad por la escenógrafa Victorina Durán.

Guerra Civil, exilio, retorno y muerte

Al comenzar la guerra, su marido, ya retirado, pidió la vuelta al servicio activo y le concedieron la dirección de la Escuela de Automovilismo de Aviación de Barcelona.​ Ella se quedó en Madrid continuando sus colaboraciones en Crónica. En sus artículos escribió sobre los efectos de la guerra en el día a día de la retaguardia, en los niños y las mascotas.

La editorial Aguilar siguió publicando los libros de Celia. Estando en 1939 en Madrid ultimando la publicación de su libro Celia madrecita, las tropas de Franco consiguieron romper la resistencia de la capital. Fortún no se reunió con su esposo hasta unos meses después ya en el exilio puesto que ambos habían estado fuertemente comprometidos con el Frente Popular y tuvieron que exiliarse tras la Guerra Civil. Tras múltiples peripecias se instalaron en Buenos Aires.​ En Argentina pudo empezar una nueva vida gracias a la ayuda prestada por Victorina Durán, que trabajaba como escenógrafa de Margarita Xirgu. Xirgu fue quien les puso en contacto con el director del diario Crítica, donde Fortún escribió artículos sobre la huella de España en América. También escribió en El Sol sobre grandes personalidades del mundo, sobre todo mujeres, y en La Prensa colaboró con cuentos.​ De 1943 data su libro Celia en la revolución que no verá la luz hasta 1987.​ En sus páginas, desde la perspectiva de una adolescente, Celia relata su terrible experiencia de la Guerra Civil, que no es otra que la vivida por la propia autora. Ambientada en su mayor parte en Madrid, la joven vive a pie de calle los sucesos que acontecieron en la capital: la primera ola revolucionaria, la violencia represiva de retaguardia durante la revolución que acompañó a la guerra, la batalla de Madrid y, finalmente, el desabastecimiento, el hambre y la confusión de los últimos días del conflicto.

Yo me había figurado las revoluciones con muchedumbres aullando por las calles. Aquí hay silencio, polvo, suciedad, calor y hombres que ocupan el tranvía con fusiles al hombro. Celia en la revolución

En 1944 publicó Celia, institutriz en América, que cuenta las dificultades de la adaptación a la vida en el exilio ya que Celia acompañará a su padre, militar republicano en su huida. Este libro fue prohibido por la censura franquista. En Buenos Aires conoció a Inés Field, mujer de profunda religiosidad que influiría profundamente en ella. De esa época es el Cuaderno de Celia, en que trata de la primera comunión de la protagonista. En 1948 decidió regresar a España e instalarse en Madrid. Mientras estaba gestionando la vuelta de ambos y regularizando la situación de Gorbea con el régimen, éste se suicidó en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1948.

Volvió a Argentina para solucionar la testamentaría y mientras tanto salieron publicados La hermana de Celia (Mila y Piolín); Mila, Piolín y el burro y Celia se casa (cuenta Mila). Marchó a vivir a Nueva York con su hijo pero la convivencia no fue buena y decidió volver a España instalándose en Barcelona ya que Madrid le traía muchos recuerdos.​ Allí conoció a Carmen Laforet cuando esta dio una conferencia en el Ateneo en la que hablaba de forma amena y divertida de cómo se ocupaba de la literatura cuando los niños dormían y la noche estaba muy entrada. Era en esos momentos cuando leyendo títulos de libros empezaba a imaginar sus títulos. Esto conmovió a Fortún que en sus primeros años de exilio había trabajado en la Biblioteca de Buenos Aires gracias a la intervención de Jorge Luis Borges, al que conocía a través de su hermana Norah Borges, amiga suya de los tiempos del Lyceum. Comenzaron una relación epistolar que duró hasta la muerte de Fortún.​ También se relacionó epistolarmente con Carmen Conde y Esther Tusquets.​ Siguió escribiendo y en 1950 publicó Los cuentos que Celia cuenta a las niñas y Los cuentos que Celia cuenta a los niños. Su último libro publicado en ese año, Patita y Mila, estudiantes fue un rotundo éxito Ya no es un libro de literatura infantil sino juvenil. No pudo continuar la saga porque su editor Manuel Aguilar quiso que escribiera un libro sobre Celia y Miguelín que dejó en borrador y sería el primer libro de una serie sobre la crianza de niños. Pero gravemente enferma de cáncer de pulmón volvió a Madrid donde falleció a los sesenta y cinco años de edad el 8 de mayo de 1952.

Trayectoria literaria

Empezó a escribir para la infancia en 1928, en la revista Blanco y Negro, en la sección de Gente menuda, con el pseudónimo de Elena Fortún.

El 24 de junio de 1928 vieron la luz las historias de la niña madrileña Celia Gálvez de Montalbán, que cuestionaba el mundo de los adultos. Estas historias cuajaron entre el público infantil de manera tal que la editorial Aguilar se interesó por ellas. Así fueron viendo la luz títulos tan conocidos como Celia, lo que dice, Celia en el colegio, Celia y sus amigos, Celia novelista o Celia madrecita. Celia en la revolución permaneció inédito hasta 1987 publicado también por la editorial Aguilar, siendo el borrador de 1943. Trabajó también en las revistas Blanco y Negro, Cosmópolis, Crónica y Semana, y en las infantiles Macaco, El Perro, el Ratón y el Gato y otras de España y América.

Además de Celia, su personaje más popular, creó otros personajes como Cuchifritín y Matonkiki, también protagonistas de ciclos novelísticos, y otros como Mila, Roenueces, el Mago Pirulo, el Profesor Bismuto, Lita y Lito y La Madrina. Elena Fortún comprendía como nadie hasta el momento la psicología infantil y se granjeó la simpatía de la infancia, que se podían identificar fácilmente con sus personajes rebeldes y reconocibles en la calle.

Sus narraciones extensas han relegado al olvido su narrativa corta, muy abundante y de gran calidad. La mayor parte de estas historias se publicaron en las páginas de las revistas ya mencionadas (Gente Menuda, Crónica...) y muchas de ellas fueron recogidas después en dos volúmenes titulados Los cuentos que Celia cuenta a las niñas (1951) y Los cuentos que Celia cuenta a los niños (1952). Son muy interesantes sus artículos periodísticos y el material inédito que conservaba su nuera y que salió en parte a la luz en 2015 y que forman un volumen junto a escritos de Matilde Ras y las cartas que se cruzaron.