Caterina Albert, más conocida por el seudónimo Víctor Català, fue una escritora española en catalán.


Caterina Albert (La Escala, 11 de septiembre de 1869- La Escala, España, 27 de enero de 1966), más conocida por el seudónimo Víctor Català, fue una escritora española en catalán, conocida sobre todo por su novela Solitud (1905).

Escribió otra novela, Un filme, 3000 metres, y muchas recopilaciones de cuentos: Drames rurals (1902), Caires vius (1907), Contrallums (1930) o Jubileu (1951). También cultivó la poesía, el teatro, el cine, el deporte, la pintura, el baile... Aunque nunca vio reflejado ninguno de ellos.

Era hija de una importante familia de propietarios rurales y su padre espoleó sus aficiones, de forma que desde muy joven comenzó a pintar y a escribir cuentos. Se suscribió a La Renaixença y colaboró en el Esquella de la Torratxa. En esta publicación de carácter satírico publicó sus primeros textos, poemas de temática amorosa, entre 1897 y 1900 bajo el pseudónimo de "Virgili d'Alacseal".

Se dio a conocer en la escena literaria con su verdadero nombre de Caterina Albert en los Juegos Florales de Olot el 1898, donde le premiaron al mejor poema El llibre nou y un monólogo titulado La Infanticida. Este último causó escándalo por la temática y el tono con que estaba escrito, y el escándalo aumentó cuando el jurado supo que lo había escrito una mujer, por lo que desde entonces, firmó bajo el pseudónimo masculino de “Víctor Català”. Pero su éxito más grande se debió a la novela Solitud ("Soledad", 1905), encuadrada dentro del Modernismo catalán y que ha pasado a ser un clásico de la literatura catalana moderna. En esta obra, un drama rural que logra conjugar naturalismo y poesía, Víctor Català refleja, a través de su personaje principal femenino, Mila, la búsqueda de la propia invidualidad y la lucha de la mujer dentro de su entorno social. Fue premiada con el premio Fastenrath en 1909 y traducida a varios idiomas.

El corpus narrativo se presenta coherente y cohesionado a través de diversos ejes temáticos como la locura, la violencia, el tratamiento del entorno, el destino. Al igual que Solitud, sus narraciones, que ella denominó dramas rurales (título de su primera colección en 1902), son intensamente originales y llenos de fuerza.

Sin embargo, la soltería persistente y la fuerza expresiva calificada de "viril" propiciaron una cierta leyenda fruto de la sorpresa y el malestar de los críticos ante una mujer que escribía con tanto desparpajo. Desde el principio, la temática recurrente en torno a la mujer y el mundo rural rezuma una visión profundamente pesimista y amarga del individuo y la sociedad, lejos de idealizaciones bucólicas y profundamente arraigada en la tierra, que hay que relacionar con Guy de Maupassant y Henrik Ibsen. Se trata del determinismo naturalista junto con una concepción simbólica que remite a un fatalismo cósmico que engloba y domina el sentido de la vida humana.

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